Cristina Capella, dietista-nutricionista especializada en nutrición infantil de Alimmenta, nos habla sobre cómo la alimentación tiene un papel clave en el mantenimiento de las defensas de los niños.

Empiezan los días de frío y después de un año complicado tanto para los niños como para los adultos, empezar el curso escolar con unas buenas defensas es indispensable para que nuestros hijos estén sanos y mantengan alejados a los virus.

Hace poco que los niños empezaron las clases después de un gran (casi eterno!) parón. Los cambios y el estrés en la adaptación a la nueva situación, algo que suele perjudicar las defensas, coincide con los primeros días de frío. ¿Cómo puedo fortalecer el sistema inmune de los más pequeños?

Lo que realmente puede ayudar a prevenir esta bajada de defensas es seguir unos hábitos de vida saludables. La alimentación es uno de los pilares para tener unos hábitos saludables y un elemento determinante en el desarrollo y mantenimiento de nuestro sistema inmunológico. Debemos proporcionar a los niños una alimentación equilibrada con alta presencia de vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales y proteínas de alto valor biológico, porque los nutrientes que aportan son esenciales en la función inmune

Pero también es muy importante reducir los alimentos con altas cantidades de azúcares, grasas saturadas y ultraprocesados.

Es decir, se recomienda aumentar el consumo de algunos alimentos, pero también disminuir el consumo de otros, ya que por mucho que comamos más vegetales, si nuestros hijos siguen consumiendo altas cantidades de azúcar, o alimentos ultraprocesados poco nutritivos, su microbiota intestinal se verá afectada, y con ella su sistema inmunitario.

Seguir una alimentación rica en vitaminas hidrosolubles (como la vitamina C y B), vitaminas liposolubles (como la vitamina A, D y E), minerales (como el zinc, hierro, cobre y selenio), antioxidantes (como los polifenoles o los betacarotenos), grasas saludables (como los Omega-3) y la fibra soluble harán que las defensas de nuestros hijos estén fuertes.

Todos estos nutrientes regulan la respuesta inmunitaria del organismo frente a posibles ataques externos y ayudan a la proliferación de diferentes tipos de anticuerpos potenciando un adecuado desarrollo y mantenimiento del sistema inmune. Y por si alguien ya está pensando en ir a la farmacia a hacer acopio de vitaminas, “alto!”: todos estos nutrientes están de venta en fruterías, mercados y supermercados.

 

¿Qué alimentos son ricos en estos nutrientes?

Frutas como las fresas, kiwi, mandarina, mango, melocotón, melón, naranja, papaya, pomelo, albaricoque, frutos rojos y aguacate.

Verduras como el brócoli, coles de Bruselas, col rizada, coliflor, pimiento, tomate, zanahoria, calabaza y verduras de hoja verde.

Cereales integrales como el arroz integral, quinoa, avena, etc… legumbres, mariscos y moluscos (ricos en zinc).

Yogur natural sin azúcar (por su función probiótica que aporta bacterias buenas a nuestra microbiota).

Alimentos como los frutos secos (especialmente las nueces), el pescado azul y las semillas (como las semillas chía), todos ellos ricos en omega-3.

Pero, además, esta alimentación equilibrada debe ir acompañada de otros hábitos saludables, como una buena hidratación que mantenga hidratada la mucosa respiratoria y proteja tu organismo de infecciones, horas de sueño suficientes, un peso saludable y actividad física regular.

Y, por último, remarcar la importancia del conjunto de la alimentación de los niños, no si consumen uno u otro alimento ya que no se ha demostrado la capacidad curativa de un alimento en concreto, pero sí en su conjunto con una buena alimentación y hábitos de vida saludables.

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